El capital social es una variable relacional. Se genera como
producto de la interacción de las personas. Se mide a nivel personal, grupal,
comunidad o nacional. El capital social es algo positivo para el que lo posee,
es decir, a más mejor. No obstante, que el que lo posea lo use para fines
perversos.
A nivel comunidad, éste puede ser percibido como la confianza
generalizada que tienen los habitantes de la comunidad en el resto de la gente.
Es decir, si pierdes tu celular, ¿Qué expectativas tienes que alguien lo
encuentre y te lo devuelva?, si alguien
te choca el carro estacionado, ¿Qué expectativa tienes que te deje sus datos
para que te comuniques con él/ella?
La cortesía al volante es un ejemplo típico del capital social de
una comunidad. El 2006 cuando me mude a
Tucson a estudiar mi doctorado, pude percibir el nivel de cortesía al volante
que existía allá en comparación con México. En mi caso particular, al principio cometía
muchas faltas: bloqueaba las salidas de los estacionamientos cuando me tocaba
en rojo el semáforo, ignoraba cuando alguien me prendía las direccionales para
cambiar de carril, no sabía que debía ceder el paso a peatones (“yield right to pedestrian”),
no se diga el estar pendiente de los ciclistas. Se que mi nivel de descortesía, no es el caso del lector.
La cortesía al volante es capital social. Otorgas la cortesía a un
desconocido, sin saber si, otro desconocido, te la va devolver. Por miedo o lo
que sea, me adapté en Tucson. Al volver a mi ciudad en México me dije, que tal
si, por cada acto de cortesía que reciba, yo devuelvo dos. Y me imaginé entonces que, muchas personas participando de esta forma crearía una red de actos de cortesía, y con el tiempo se haría una costumbre.